Día: 29 de noviembre de 2009

¿No estan hartos del Teletón? Yo sí.

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No voy a entrar en discusión acerca de que si el Teletón es bueno o malo, que si cumple, ayuda o es sólo una forma de hacer movimientos con los impuestos. ¡Nada que ver! Me voy a enfocar más bien a lo molesto que es ver a los famosos «boteros» hasta en la sopa, o más bien no sólo verlos sino ser perseguidos y acosados por ellos. Pareciera que se multiplican como gremlins pero sin necesidad de mojarse. ¡Ya los alucino!

No sé hace cuanto empezó el Teletón, pero he de confesar que alguna vez yo tuve que «botear» y no porque yo quisiera sino porque mi presidenta del Club de Juanes al que pertenezco llegó con un montón de latas naranjas y playeras diciendo que la disquera pedía que fueramos «boteras» y que si no lo hacíamos no se le iba a dar tanto apoyo a nuestro club. (Apoyo que nunca vi). Y bueno ahí voy yo en aquel entonces con toda la pena del mundo a botear.

¡Pero no inventen! Los «boteros» de ahora, parece que tomaron un curso llamado «Cómo perseguir a la gente hasta que aporten dinero en el bote» Señoras, chavos, niños, gente de todas edades, de distintos niveles socioeconómicos, etc. le están dedicando su vida a «botear» y la situación me está volviendo loca. Llevo 8 días seguidos siendo torturada por estas personitas.

Fui a Bellas Artes y había como 3 chavos y obvio se me acercaron «¿Gustas apoyar para el Teletón? ¿No? ¿Por qué no? ¿No crees en esto? ¿Por qué no crees?»

Llego a Plaza Satélite y encuentro como a 6 boteros, uno por la entrada del ScotiaBank, dos por la entrada del Globo, dos más en la rampa hacia La Canasta y no recorí todo Plaza pero supongo que había más «¿Gustas apoyar?, Bueno entonces compra una pulsera?» Y de inmediato te intercepta el otro. ¡Aaaaaay!

De entrada no sé a quién se le ocurre permitir que los «boteros» estén dentro de Plaza, se supone que es un lugar al que vas a distraerte y divertirte con amigos y familia no a que te esten torturando psicológicamente para que aportes al Teletón.

Llego al metro Rosario y como cada año «boteros» a un lado de la taquilla ¡Claro, ahí ven si el de los boletos te regresó cambio y te acercan el bote! «¿Gusta cooperar para los niños del Teletón?» Trasbordo en metro Tacubaya y dos más en las escaleras eléctricas gritando a todo lo que da.

¡Qué manera de torturar a la gente! Quien quiera aportar lo va a hacer esté o no esté el bote, pueden ir al banco o llamar o usar algún otro método, no veo la necesidad de fastidiarle la vida a los que no tienen pensado donar. Suficiente tenemos con los cientos de desempleados que nos piden dinero a diario (la María, el que tiene un hijo enfermo, el del centro de rehabilitación, el que perdió una parte de su cuerpo o está enfermo, el «viene viene»…) Y ojo, no estoy hablando acerca de que esté bien o mal dar dinero en la calle o apoyar campañas, simplemente critico el método de recolección del Teletón. ¿O acaso a alguien aquí le encanta ver «boteros» cada 5 metros?

La ciudad vive en total estrés y para mi gusto ser perseguido por gente que te pide dinero le aumenta unas rayitas más al «estresómetro» Tranquilidad es lo único que quiero ¿Es mucho pedir?

¿Casarme yo?

 

En la actualidad como que muy pocas chicas veinteañeras piensan en casarse, sí, el mundo está tan “del nabo” que todo es diversión, placer y relaciones informales (los famosos frees) y se ha ido quedando en el olvido el famoso mito del “príncipe azul”.

vestido-de-novia-jasmine-couture_a5f819d4c7_2Pero ¡No nos hagamos tontas! Por mucho que digamos “No, yo no pienso en casarme, no, no me importa si sólo es unión libre, amo la soltería! Todas (o al menos la mayoría) morimos por encontrar al chico ideal que nos consienta, que nos ame, nos apapache, ese alguien que sea sólo para nosotras y no lo tengamos que estar compartiendo con alguien más, que sea fiel y que quiera pasar el resto de la vida a nuestro lado para amanecer abrazaditos y para complacer todas nuestras fantasías.

Aaaaaw…sí, ¡Qué cursi se escucha eso! Y no pueden negar que también sueñan con casarse de blanco. Sí por supuesto, aunque importe un rábano la virginidad en esta época, todas quieren (o queremos) vernos como princesas con nuestro vestido blanco despampanante y causar la envidia de todas nuestras “invitadas solteronas” tener la fiesta del año y disfrutar de todo el show que implica una boda, el peinado, el pastel, la comida, el lugar, la música, los regalos…etc. Yo la verdad si no me caso soy capaz de organizar una fiesta tipo boda, nada más para no quedarme con las ganas de tan espectacular evento. ¿Quién quiere ir?

Si me equivoco mujeres veinteañeras, ¡hablen ahora o callen para siempre! que su opinión es muy importante.

Caminos y decisiones

 

La vida es como toda una metrópoli donde cada camino nos lleva por un lugar distinto, sólo que en ella se llaman “decisiones”.

En la gran ciudad, cuando elegimos un camino no sabemos si nos va a tocar mucho tráfico o estará desierto, especialmente si vamos por un lugar que no conocemos, quizá hasta nos metamos a un callejón sin salida (suponiendo que aún no existen los gps’s e ignorando un poco el caos vial que se vive a diario en el DF).

En la vida nos pasa igual, hay decisiones de las cuáles estaremos orgullosos porque nos conducirán al éxito o nos llenarán de satisfacciones y hay otras que nos van a llevar por un camino pedregoso en el cuál quizá nos tropecemos cientos de veces; es posible que terminemos arrepentidos o que por el contrario demos nuestro mejor esfuerzo para triunfar.

Pero… ¿qué pasa cuando nos quedamos en un sólo camino y no salimos de ahí? Imagínate que vas en tu coche, te metes en una calle y decides pisar el freno y no existe poder humano que haga que te muevas de ahí. De pronto ya tienes a otros cientos de coches esperando atrás de ti, no los dejas avanzar. Podrías ocasionar un caos.

Cuando en tu vida pones un freno, no sólo dejas de aprovechar nuevas oportunidades, también hay gente que no puede avanzar porque en ese momento te conviertes en un obstáculo. Cada camino, cada decisión es una oportunidad de alcanzar nuevas metas.

Generalmente cuando ponemos ese famoso freno es cuando caemos en nuestra zona de confort, ¡Claro, estamos tan cómodos y nos sentimos tan protegidos que nos da flojera volver a esforzarnos! Y si no actuamos en ese momento ¡Sorpresa! Estamos a unos centímetros de caer al abismo de la mediocridad.

¿Por qué no te decides y tomas nuevos caminos? ¡Ya cámbiale! Seguro te estás perdiendo de mucho. Sal de la rutina diaria, cambia tu recorrido, toma un nuevo camino para llegar a casa, a tu trabajo, a alguna cita, ¡pero no sólo eso!, también date la oportunidad de tomar nuevas decisiones, no te quedes estancado. Toma un curso de otro idioma, haz ejercicio, cambia tus hábitos alimenticios, regálale tiempo a las personas que amas, cambia de trabajo o de casa, disfruta de una película o de un libro.

Decisiones grandes o pequeñas, unas cuestan más que otras, algunas nos dan más satisfacción. Puedes empezar con las pequeñas, practica para que cuando tomes decisiones grandes te cueste menos trabajo. Nunca es tarde para empezar, lo importante es que seas feliz y que sigas creciendo porque cuando estás bien las personas que te quieren y que te rodean también lo están.

Caminos y decisiones te están esperando.